Un mal día, su dueño tuvo complicaciones en el Hospital y murió. Canelo permaneció horas y horas esperando a su dueño. Que nunca salió. Canelo no sabía lo que había ocurrido, creía que su dueño acabaría saliendo tarde o temprano por esa puerta, como siempre había hecho. Y esperó y esperó. Días y días. Los vecinos de la zona y los propios empleados del Hospital, enternecidos por la historia de Canelo, le daban comida y bebida mientras Canelo seguía esperando a la puerta del Hospital.
Hasta que tragicamente, el 9 de diciembre de 2002, un coche atropelló a Canelo en un paso de peatones cerca del Hospital, y murió. Su historia fue muy conocida en Cádiz incluso trascendió en algunos sitios de España. De hecho, una de las calles que hay al lado del Hospital lleva su nombre con una placa.
Yo soy un amante de las historias de amor verdaderas y buenas. Deberíamos de aprender de Canelo, que siendo un animal, tenía un concepto del amor mucho más grande que muchas personas. Para él, no le hizo falta ponerse delante de un altar y decír Sí quiero a las palabras de hasta que la muerte os separe. Para él incluso, ni tras la muerte de su dueño consiguió separarse de él. El consuelo que queda es que tras morir Canelo, en algún sitio allá donde fuera, seguro que se volvieron a juntar... él y su dueño.