La boda se celebró allá en las tierras de Cuétara, aunque algún otro preferiría haberla celebrado en Lacasa. El cura, era Bimbo. ¡Qué buenas hostias sin corteza daba! Todos estaban encantados. La boda, era una boda de alta alcurnia. De parné. Se manejaba tela de dinero. Fijaos si se manejaba dinero, que el padrino fue Panrico. Había pasta por todos lados... aunque eso en parte se debe a otro de los invitados, Gallo.
Vinieron invitados de alto nivel. Como los dos grandes hombres a los que todos llamaban de Don, Donete y Donut. También vino el marqués de Nestlé, aunque se tropezó con un escalón y su rodilla hizo Crunch.
Flora dio la nota al venir acompañada de una mujer, Margarina. Todos la miraban sorprendidos. Habían venido invitados de todos los sitios a esta boda tan cara. Incluso vino gente de Tosta Rica, zona lejana donde las haya. Desde luego, era una boda genial. La gente estaba pa comérsela. Boda linda, linda. O boda Lindt, como decía aquél maestro suizo.
La boda cara, y la gente bella. La novia vino bella, pero para bella... La Bella Easo. ¡Qué guapa vino! Dejó a todos boquiabiertos. Se le pudo ver al final de la noche tonteando con Paladín, que estaba hecho un figurín.
En la ceremonia, la madre de Beckelar no paraba de llorar. "Ayyyyyyyyyyyyyy!!! mi niñooo!!! que se me casa!!!", decía entra lágrimas. Lloraba y lloraba. Estaba hecha una Magdalena. Sentado al fondo de la Iglesia estaba él, "Madle mlía, qule bloda mlás blonita", decía a duras penas. Todos miraban asqueados al Bizcocho borracho.
Pero si alguien dio la nota fue esa familia... el padre, la madre, la abuela, los hijos, sobrinos, primos... TODOS tiraos en un banco de la Iglesia dormidos. Vamos... Sobaos. Alguien dijo que era la familia Martínez.
El convite fue en un ambiente exótico. Precioso. Todo lleno de palmeras, cañas, caracolas... y en el centro lucía explendorosa brotando agua la Fontaneda. Sin invitación se coló el experto, Cola Cao. El padrino, Panrico, no reparó en gastos y se trajo a los mejores animadores que podía haber. Trajo a Tomatito, el Cigala (al que todos chuparon su cabeza, la de arriba), Chocolate, y no faltaron cintas de Camarón, que no dejó de sonar.
La boda fue dulce dulce... y fue pa comérsela. Eso sí, el padrino metió la pata al contratar al bailaor. Es bueno, no lo negamos, pero en una boda tan dulce traerse a Rafael Amargo... como que no pegaba.
Pero este casamiento no acaba como en los demás cuentos. No comieron perdices ni fueron felices. Pasó que Príncipe de Beckelar y Marbú Dorada acabaron como no podían acabar de otra forma... a galletazo limpio.
Y colorín colorado, este cuento... se ha acabado.